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Mié, May

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Durante el transcurso de la madrugada del próximo domingo, 26 de marzo, los relojes se adelantarán una hora para dar comienzo al horario de verano tal y como lo dicta la Unión Europea.

A partir de la próxima semana amanecerá y anochecerá más tarde. El objetivo del cambio de hora es rentabilizar la luz y adaptar la jornada laboral a las horas de sol para obtener una mayor productividad y además favorecer el ahorro energético. Esta medida se lleva haciendo en todos los países de la Unión Europea desde el año 2000 y está regulada por una directiva comunitaria. En España, el horario de verano produce según la psicóloga Isabel Monterde, “una mayor sociabilización”, ya que los días se alargan y eso fomenta que se incremente la actividad, algo que repercute positivamente en el sector de la hostelería. “Aprovechamos más el día”, asegura Monterde, que incide además en que el nuevo horario beneficia más a los ciudadanos que a los empresarios porque “comenzamos a trabajar de noche y se rinde menos”.

Sin embargo, este horario tiene factores negativos: perdemos una hora de sueño y la adaptación puede ser difícil al principio. Por ello, se recomienda seguir algunas indicaciones para que nuestro cuerpo asuma el cambio con mayor facilidad. En primer lugar, nuestro organismo se rige por horarios de comida. Por ello, es importante la adaptación en este sentido, ya que tras adelantar una hora no tendremos hambre a la hora del almuerzo y esto podría descuadrar el resto de comidas y dificultar la adaptación al nuevo sistema. Para que esto no ocurra, Isabel Monterde aconseja “desayunar menos cantidad de la habitual para llegar con hambre a la hora de la comida”. Aunque se recomienda desayunar fuerte, según la psicóloga es de gran ayuda hacer ésto los primeros días para que nuestro cuerpo comprenda que los horarios en los que nos estamos moviendo “son distintos”. El hecho de que el cambio se produzca en fin de semana favorece que nos amoldemos más rápido y precisamente “los fines de semana solemos desayunar más tarde y por eso es mejor hacerlo de forma más leve”.

Si el horario de verano fomenta la actividad en los adultos, también lo hace en el caso de los más pequeños. Por ello los padres tienen una ardua tarea por delante: acostar a sus hijos pronto. Según Isabel Monterde, “deben estar acostados antes de las 22.00 horas”. ¿Cómo se consigue esto? Según la psicóloga, la mejor manera es “hacer actividades dentro de casa o, si optamos por desarrollarlas en la calle para que disfruten también de la luz, tendremos que ser reiterativos y explicarles que deben acostarse pronto, ya que si se duermen tarde irán muy cansados al colegio”.

Además, hay que tener en cuenta que hay personas que tienen turnos rotatorios en su trabajo. Este segmento notará más en su organismo el cambio horario que aquellos tienen la misma jornada laboral todos los días. A esto hay que sumarle que el horario de invierno, según la psicóloga, “nos repercute más que éste”. Aunque el horario de verano nos influya en menor medida, la falta de sueño y el desajuste en los horarios de comida podrían estar con nosotros entre unos quince y unos veinte días, el tiempo de adaptación que estipula Monterde para acostumbrarnos al horario de verano. Una vez superado este período, según la psicóloga, el horario nuevo es mucho más ventajoso que el anterior porque genera positividad y alegría y ayuda a combatir la ansiedad y la depresión. Sin embargo, nunca llueve a gusto de todos. Prueba de ello es la astenia primaveral, que consiste en una no adaptación al cambio de estación. Quienes la padecen sufren un gran cansancio durante la primavera, aunque supone un núcleo muy reducido de la población.