11
Lun, Dic


                 

OPINION

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) tiene fijada desde hace 25 años el 3 de diciembre como el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. Una celebración que dista mucho de ser festiva ya que, normalmente, lleva consigo reivindicaciones hacia un mundo más igualitario y especialmente, accesible para estas personas.

La propia ONU señala que “los niños discapacitados tienen cuatro veces más posibilidades de ser víctimas de actos violentos, la misma proporción que los adultos con problemas mentales”. Todo ello, después de un cuarto de siglo con un día señalado en el año en el que se reivindica una sociedad más incluyente. De esto hace 25 años, de la lucha desde diferentes colectivos, entidades o personas, mucho más.

Pero la realidad que nos encontramos es que, a día de hoy, aún tenemos edificios o documentos públicos sin acceso universal. Y no sólo eso, sino que las situaciones de discriminación son todavía frecuentes. Las barreras van desapareciendo pero no se han eliminado por completo.

El trabajo y esfuerzo conjunto de todos, tanto sociedad como entidades y colectivos ayudan a que cada vez se sepa más que la discapacidad no es inmune a nadie: todos tenemos incapacidad de hacer algo. Más bien son capacidades diferentes, muestras que se señalan en el 3 de diciembre por todos los rincones del mundo.

Dicho esto, aún no se ha logrado nada. El 3 de diciembre es un lugar en el año señalado para reivindicar aún más si cabe pero no olvidemos que muchas personas hacen de ese 3 de diciembre su día a día. Ejemplos en Huelva tenemos y muchos: desde la Asociación Paz y Bien hasta la Asociación Serrana de Discapacitados 'Fuente Vieja pasando por la Asociación de Minusválidos Vicasti. Gracias a ellas, el mundo hoy es algo más accesible.