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Sáb, Ago

OPINION

Cientos de anuncios de casas de apuestas, poker on line, apuestas deportivas, y un largo y desesperante etc, está llevando a infinidad de familias a la ruina. Nadie para la publicidad de las apuestas, dejan demasiado dinero en publicidad e impuestos como para detener una sangría que cada vez hace más daño en los hogares españoles. La ludopatía es, frente a otras, una de las adicciones, que según los psicólogos, muestra más dificultad a la hora de controlar y atajar. No hay una dependencia física. Pero al menos tiempo atrás no estaba al alcance de la mano; hoy, desde un móvil, en cualquier sitio, a cualquier hora, el juego está acechando a su próxima víctima. Muchas son los famosos que se prestan a ceder su imagen, por una gran cantidad de dinero claro, sin tener en cuenta el daño que hacen indirectamente.

Si está prohibida la publicidad de alcohol, tabaco u otras drogas, por qué se permite la apología del juego. Se permite porque invierten en publicidad más de 170 millones de euros al año, y eso es demasiado como para perderlo.  Lo peor es cuando te dicen, juega con responsabilidad…  ahí es cuando uno piensa que nos toman por auténticos imbéciles. Es como anunciar marihuana y que acabara el anuncio con: pero no te fumes más de dos o tres…ridículo e indignante.

El fútbol como aliado

El deporte rey en España está siendo el gran aliado, todos los clubes de primera división están patrocinados por casas de apuestas, el único que se salva de la quema, es  la Real Sociedad, que hicieron un referendum entre sus socios para preguntar si les parecía ético, y arrasó rotundamente el NO. A nadie parece interesarle el perjuicio, cuando es en los jóvenes donde se está abriendo una gran brecha, ciberludópatas enganchados a las apuestas rápidas. Esto ya es una realidad, no está por llegar. 

El juego online en nuestro país sigue frente a la expectativa del cambio de regulación de su publicidad a través del Decreto Comunicaciones Comerciales,  cuando según el Informe de la DGOJ en el cuarto trimestre de 2018 la modalidad ha alcanzado un total de 4.842,05 millones de euros en cantidades jugadas. Eso supone un 14% más respecto al trimestre anterior y nos pone ante un crecimiento que muchos no dudan en calificar de imparable y que, sociológicamente, representa una conquista progresiva de público que no se puede pasar por alto.

El juego, como diversión. En sí mismo, provoca distracción y entretenimiento. El problema viene, y ha venido desde la antigüedad, cuando al juego se le adhiere una apuesta.

 La apuesta se refiere a arriesgar dinero o alguna propiedad, o a realizar una acción, habitualmente indecorosa o arriesgada, en la creencia de que algo tendrá un determinado resultado o se producirá de una cierta manera. Una apuesta puede generar grandes pérdidas, existe una infinidad de casos de personas que han apostado sus casas, sus coches y otras pertenencias de un gran valor económico y que lo han perdido todo en tan sólo una noche en el casino o en una timba de cartas; sobra decir que un individuo en su sano juicio no puede llegar al punto de arriesgar todos sus bienes materiales en un juego de azar. Incluso se han dado casos de apostar bienes humanos, sirvientes, e incluso los conyugues, sobrepasando cualquier barrera moral e incluso legal.

Todo esto nos retrotrae, al menos,  a mediados del siglo pasado, aunque seguramente en la actualidad, sigue pasando, dependiendo el lugar o la cultura. Sin embargo, en nuestra sociedad actual, el juego está mal visto; los locales de apuestas tienen sus escaparates cerrados, y salvo los casinos, que tienen un plus de glamour y fama, que le vean a uno en un bingo o en la tragaperras de un bar, no es sencillamente positivo ante los ojos de la mayoría, por más que ni esté prohibido, y cada cual pueda hacer lo que le plazca con su dinero. 

No se trata de prohibir el juego, se trata al menos de prohibir su publicidad, al igual que se ha hecho con otros productos y actividades perjudiciales.  Hasta ahora, y fue hace solo unos días, solo Telemadrid ha prohibido los anuncios de las casas de apuestas, al fin, ojalá no sean los únicos.