21
Vie, Sep

En el lejano tiempo de los cuentos, cierto día primaveral, por la verada circundante del prado de todos los cuentos, caminabaun vivaracho ciempiés que habiendo sido oteado por una rana chismosa, le aguardaba pacientemente al borde de la trayectoria andariega del miriápodo hasta que el batracio lo tuvo enfrente, instante en que la segunda, en actitud aduladoramente insidiosa le espetó al primero: “Son armoniosos pero complicados tus andares, tengo interés en que me orientes acerca de la distancias, grados de ángulos y sucesiva posición de las patas tercera y cuarta de tú derecha en conjunción con las respectivas extremidades de la hilera izquierda”. El ciempiés, sintiéndose ufano por la interpelación del lisonjero anfibio, se dispuso a reflexionar para seguidamente responder, pero le sucedió que no pudo inferir explicación alguna debido a la paralización, vacilaciones y sopor que le provocaba tener que dar cuentas detalladas de una actividad automatizada a fuerza de infinidad de actos repetitivos.

En la entrañable obra “La sabiduría recobrada. Filosofía como terapia”, la fascinante filósofa, Mónica Cavallé, señala que “La indagación de la verdad es un impulso acorde con nuestra naturaleza humana e indisociable de esta, un impulso que nos distingue de otros seres animados y nos eleva sobre ellos. Todo hombre ansía profundamente ver, comprender, y experimenta como una degradación la ignorancia y el engaño”.  Sin embargo, creemos que la aserción filosófica ha de ser matizada, ya que no siempre ni en todos los casos emerge tal compulsión humana dirigida a desentrañar lo auténtico y sus contrarios.

Del Yijing (I Ching) o Libro de las Mutaciones,  obra datada hace más de tres milenios, que unos atribuyen a antiguos sabios y otros a Fu Hsi, quien  fuera uno de los primero emperadores chinos, se dice que ofrece respuestas a todo cuanto uno pueda imaginar, desde lo absoluto a las cosas más ínfimas, razón por la cual le han consultado mortales corrientes pero también hombres de ciencias, para dilucidar encrucijadas personales, dilemas filosóficos o toda clase de problemas vitales.

Si bien es verdad que hay división de opiniones entre los estudiosos, señalando unos que nunca llegaría a desarrollarse; y  cuestionando otros (Bennett J. G.) la versión que, 1996, concibieran los consultores de negocios Gary Hamel y C.K. Prahalad, variante que es la que finalmente más se  ha popularizado, no es menos cierto queel experimento que hoy sirve al opúsculo se publicitó, en 1967, en la reseña rubricada como Cultural acquisition of a specificlearned response amongrhesusmonkeys, atribuyéndose la autoría al estadounidense Gordon R. Stephenson, de la universidad de Wisconsin.

Las capacidades de las plantas, afirmadas,entre otros muchos, por los especialistas mencionados en la primera parte del opúsculo, aun cuando limitadas a unas condiciones y a ámbitos muy restringidos, tienen la virtualidad de asombrar a la mayor parte de loscomunes homos, puesto que además comunicarse entre ellas y con los bichos aliados, o desplazarse, son susceptibles de estados afectivos, según los estudios que comenzaron con el alemán Gustav Theodor Fechner, hacía 1848, convencido como estaba de la dotación anímica y emocional de los vegetales, postulado que sustentaba, básicamente, en la activación del metabolismo interno en correspondencia a sucesos externos.

Desde que Juvenal la categorizara, a finales del siglo primero, para referirse al estado de sedación en que los emperadores romanos sumían al pueblo, el recursopanem et circenses ha sido empleado, para “atontolinar” al pueblo,  en numerosos momentos de la historia y en multitud de versiones, siendo una de las últimas la del “sonambulismo tecnológico”, dicción acuñada por el sociólogo LangdonWinner, para designar al sujeto afectado por la “somnolencia digital” propiciada por el uso y abuso inconsciente de las tecnologías de última generación; es un “tecno-adicto” quien por causa de  los soporíferos ingenios digitales deambula maquinalmente por el mundo y en su vida cotidiana, como si fuere el piloto automático de su persona, y no la persona misma.

Para el profesor de neuro-biología vegetal de la Universidad de Florencia, Stefano Mancuso, autor del libro “Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal”, la familia de las  judías (phaseolusvulgaris) son las más habladoras de todas las plantas, puesto que  “cotorrean”  más mensajes químicos que ninguna otra, en forma de moléculas volátiles, de suerte que si un insecto ataca a la legumbre, ésta, a modo de estación de radio, difunde avisos   a los depredadores del bicho atacante, que responden a la llamada del frijol agredido.

Más artículos...