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Mar, Ago

La pregonera de la fiestas de San Bartolomé de la Torre, María de los Ángeles Gil.

CARA A CARA

María de los Ángeles Gil es la pregonera de la fiestas de San Bartolomé de la Torre y en esta entrevista explica cómo se siente tras esta elección realizada por el Ayuntamiento bartolino.

¿Cómo se siente tras haber sido elegida como pregonera de las Fiestas de San Bartolomé de la Torre?

Estoy muy ilusionada pero, al mismo tiempo, tremendamente nerviosa. Me siento encantada porque me parece un reto precioso y agradezco al Ayuntamiento que se haya acorado de esta humilde persona.

¿Cómo recibe la noticia?

Lo asumo con gran responsabilidad porque nunca había pensado que pudiera recaer tal orgullo en mí. El alcalde fue el que me llamó y me lo propuso y después de decirle que quizá no era la persona más idónea, él insistió y me animó y me dijo que era una bartolina que siente mucho su pueblo y en eso acertó. Llegar a tantas personas y gustar a todos es difícil. Cada pregón ha tenido a personas maravillosas detrás que han hecho pregones originales y muy bien documentados.

¿Cómo vive la pregonera su pueblo?

Soy una bartolina muy embajadora de mi pueblo y allá donde voy no puedo dejar de hablar de mi pueblo. Ahora vivo a 30 kilómetros, al lado de Corrales, pero para mí mi pueblo es especial. San Bartolomé para mí es todo, nunca olvido mis raíces y siempre que puedo voy. Ya mis padres fallecieron pero sigo teniendo allí a muchos familiares y amigos que me aportan muchos recuerdos. Siempre que puedo me escapo, da igual que sea fiesta o no, porque necsito volver a mi pueblo y pasear por mis calles.

¿Qué  caracteriza a los vecinos de San Bartolomé?

San Bartolomé se caracteriza por ser un pueblo muy acogedor y sencillo con los que vienen. Mi marido lo ha experimentado. Somos también grandes amigos de los pueblos vecinos como Castillejos, Alosno, Puebla de Guzmán o Gibraleón.

¿Qué recuerdos tiene de las fiestas?

Pienso en quien me enseñó a querer a mi santo que fue mi madre, que de pequeña me llevaba de la mano. Era modista y siempre entregaba los trajes a los vecinos y siempre íbamos corriendo. Cuando ya se puso malita de mayor era yo quien la llevaba. Recuerdo la iglesia abarrotada, el chasquido de los abanicos, los bailes, la orquesta, la mayordomía, el ponche, el saludo a los danzaores…

¿Ha comenzado a trabajar ya en el pregón?

Algo tengo escrito, pero son cosas sueltas todavía. Llamaré a gente de mi quinta y de mi generación para que me echen una mano. Es un honor poder mostrar mi cariño a mi pueblo y expresar todo lo que llevo dentro. Intentaré hacerlo lo mejor posible y pondré toda mi energía y valor en ello.