22
Mar, Ago

La vicepresidenta de la Diputación, María Eugenia Limón.

CARA A CARA

La vicepresidenta de Coordinación y Políticas Transversarles de la Diputación de Huelva, María Eugenia Limón, analiza a lo largo de esta entrevista los 25 años de Cooperación Internacional de la institución provincial.

La Diputación de Huelva ha celebrado esta semana sus 25 años de Cooperación Internacional con una fiesta en el Muelle de las Carabelas. ¿Cómo transcurrió el evento?

Fue un momento de alegría y de compartir un cuarto de siglo con todas las ONG y las personas que a lo largo de estos años han marcado este camino de proyectos e ilusiones. En 1992, cuando celebramos el 500 aniversario, se asumió el compromiso de destinar el 0,7% de los presupuestos de la Diputación a cooperación y eso ha ido evolucionando hasta tener un área de Cooperación Internacional y que en 2015 se aprobara un plan director por parte de todos los grupos políticos. Por tanto, fue una jornada de alegría, en la que hicimos un acto simbólico soltando 25 barquitos de papel y se proyectó un documental sobre la experiencia vital de una voluntaria.

¿Qué papel juega Iberoamérica en estas políticas?

Hacemos especial hincapié en Iberoamérica. Estos 25 años se han visto reflejados en 251 proyectos desarrollados en Iberoamérica, que es la vocación con la que nació este área.

¿Se trabaja en otros continentes?

Tenemos una especial vocación iberoamericanista, pero se trabajan en todos los territorios. Se han desarrollado 152 proyectos en África, 22 en países de Europa del Este, 13 en Asia y 9 en Oriente Medio. Y todo eso lo tenemos que agradecer a todas estas personas que han formado parte de este proyecto a lo largo de los últimos 25 años.

¿Cómo han evolucionado en estos 25 años las políticas de cooperación?

Lo que empezó como algo puntual para conmemorar el 500 aniversario ha servido para formalizar relaciones entre ambos lados del Atlántico y crear un área específica dotado de personal y de presupuesto. Esto demuestra el compromiso de la Diputación por las políticas solidarias. Mi presidente dice que los presupuestos tienen colores y es cierto, porque no es lo mismo apostar por cooperación internacional que no hacerlo. De hecho, muchas entidades han dejado de hacerlo en tiempos de crisis.

¿Es la Diputación la institución que más apuesta por estas políticas?

Durante estos años de crisis llegó un momento en el que la Diputación de Huelva estuvo sola dentro del Fondo Andaluz de Municipios para la Solidaridad Internacional (FAMSI). Ha sido una de las pocas que ha apostado por la cooperación como una seña de identidad y compromiso con estas políticas. Dentro de las políticas hay que marcar líneas directrices y los presupuestos los hacen las personas y puedes decidir destinar o no el 0,7%, y en eso la Diputación se ha distinguido por su compromiso con la sociedad.

¿Qué líneas de trabajo hay?

Hay varias; programa de voluntariado, convocatoria de ONG, emergencia monetaria para atender catástrofes naturales, programa de sensibilización porque hay que contar con la sociedad civil… Estas líneas forman un paquete de ayudas solidarias que nos distinguen del resto de diputaciones, que colaboran dando el dinero directamente a las ONG.

¿Qué criterios se siguen para elegir en qué proyectos se actúa?

Tenemos un plan director en el que están las líneas marcadas de los proyectos que llevamos a cabo. Infancia, empoderamiento de mujeres y sostenibilidad ambiental son las principales líneas del plan director aunque en estos años hemos trabajado en proyectos de mucha índole. Al principio se atendían necesidades básicas, como construcción de centros de salud o de colegios. Ahora se trabaja más con las personas para, por ejemplo, formar a niñas que no tienen hogar o han sido violadas.

De todos los proyectos, ¿hay alguno que para usted sea especial?

Tenemos proyectos en Iberoamérica que siguen la línea de trabajar con la infancia y el empoderamiento de las mujeres y que se desarrollan en Perú, Paraguay, Nicaragua y Guatemala. Pero el que más me ha marcado es el que he podido visitar en Malawi, un país en África que no tiene nada que ver con Iberoamérica, donde la cooperación y el desarrollo es menor. Me ha impactado mucho. Es un proyecto que llevamos de la mano de la Diputación de Sevilla y FAMSI. Son más de 10 años trabajando y he podido comprobar el desarrollo que se ha dado en toda la comunidad agraria gracias a que les hemos llevado el agua a sus regadíos.

¿Cuál es reto en materia de cooperación?

El reto tiene que ser llegar a no tener cooperación internacional. La cooperación significa igualdad y cuando la haya entre países y todo el mundo tenga sus servicios básicos como el agua, la educación y la salud y haya protección a la infancia y desarrollo local, será el momento en el que dejemos de hablar de cooperación. Sí habrá ayudas en innovación o transferencia de conocimientos, pero los retos de las políticas de cooperación están por dejar de tener que prestarlas.